El Texas Hold'em es mucho más sencillo de lo que parece desde fuera. Cada jugador recibe dos cartas privadas (cartas de mano) que solo él puede ver. Después, en tres etapas sucesivas, se reparten cinco cartas comunitarias boca arriba en el centro de la mesa, y todos las comparten. Con sus dos cartas privadas y las cinco comunitarias, cada jugador forma la mejor mano de póker de cinco cartas.
Entre un reparto y otro hay rondas de apuestas: los jugadores apuestan fichas, suben, igualan o se retiran. Todas las fichas apostadas forman el bote, que se lleva el ganador.
Antes de ver cada regla por separado, mira cómo es una mano completa de principio a fin. Pulsa «Siguiente» y observa cómo crecen el board y el bote.
Dos formas de ganar el bote
En esta mano se llegó al showdown: las apuestas terminaron y ganó la combinación de cinco cartas más fuerte. Sin embargo, solo una minoría de las manos llega al showdown. Con más frecuencia, un jugador apuesta y todos los rivales deciden no igualar y se retiran. Cuando eso ocurre, el último jugador que queda se lleva el bote de inmediato, sin enseñar sus cartas.
La ronda de apuestas de la última calle termina con dos o más jugadores en la mano. Los jugadores enseñan sus cartas privadas y la mejor combinación de cinco cartas se lleva el bote. Si las manos son idénticas, el bote se reparte a partes iguales.
Nadie iguala una apuesta o una subida. El que apostó se lleva todo el bote al instante sin enseñar ninguna carta. Así funciona el farol (bluff): puedes ganar el bote con las cartas más débiles de la mesa.
La baraja y la notación de las cartas
El póker usa una baraja estándar de 52 cartas, sin comodines. En cada uno de los cuatro palos hay 13 rangos, del dos (2) al as (A). El as es el rango más alto, pero en la escalera más baja (A-2-3-4-5, la «rueda» o wheel) vale como un uno.
En la notación del póker, las cartas se abrevian con su rango y su palo: A = as, K = rey, Q = dama, J = jota, T = diez. Palos: ♠ picas, ♥ corazones, ♦ diamantes, ♣ tréboles. Por ejemplo, A♠ K♦ representa el as de picas y el rey de diamantes.
Para qué sirven las ciegas
Imagina el póker sin apuestas obligatorias. La estrategia óptima sería retirarse en todas las manos y esperar una pareja de ases: mientras esperas, no pierdes nada. El juego se detendría con el bote vacío.
Las ciegas resuelven ese problema. Antes de repartir las cartas, los dos jugadores a la izquierda del botón del crupier deben poner apuestas obligatorias: la ciega pequeña (normalmente 0,5 bb) y la ciega grande (1 bb). El botón avanza un asiento en el sentido de las agujas del reloj después de cada mano, de modo que todos los jugadores pagan las ciegas por turnos. Así siempre hay fichas por las que competir y esperar eternamente sale caro.
El término No-Limit significa que no hay tope en el tamaño de la apuesta: en tu turno puedes apostar cualquier cantidad hasta todas tus fichas (all-in). Por eso un solo error puede costarte todo tu stack.
Suerte o habilidad
En una mano concreta la suerte pesa muchísimo: un principiante con dos cartas al azar puede ganarle a un campeón del mundo. Pero el póker no es la ruleta. En un casino, contra la banca, las matemáticas garantizan que pierdes con el tiempo. En la mesa de póker juegas contra otras personas y la casa solo se queda con una pequeña comisión administrativa llamada rake.
Si tus decisiones son, de media, mejores que las de tus rivales, tras miles de manos el azar se compensa y tu ventaja de habilidad se mantiene. Por eso, a lo largo de este curso siempre evaluamos la calidad de la decisión, nunca solo el resultado de una mano.